La pandemia ha contribuido a disparar un fenómeno que ya estaba presente antes de la emergencia sanitaria. Los estudios domésticos, con equipamientos que van desde un simple micrófono USB, hasta cabinas y aparatos valorados en miles de euros, roban cada día más encargos a la industria tradicional.

En Estados Unidos, en especial en el mercado de habla hispana, el mercado se nutre cada vez más de estos elementos, según relata desde Nueva York Juana Plata para el Blog de la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM).

Plata, locutora y artista de la voz con un estudio propio valorado en 18.000 dólares, destaca el impulso tomado por los estudios caseros a partir de la emergencia sanitaria. “El doblaje se hace desde casa”, advierte la cocreadora del programa en Internet La industria desde adentro, donde, junto a la también artista de voz Natalia Rosminati, y el productor Ezequiel Lachman, explican a los actores y locutores, especialmente latinoamericanos, las peculiaridades del mercado de la voz en español.

Durante los primeros meses de la pandemia, Plata, Rosminati y Lachman retransmitieron por Internet una serie de entrevistas con profesionales de la voz y de la producción donde ofrecían consejos a los actores para impulsar sus carreras y aprovechar los nuevos recursos que ofrece el abaratamiento de la tecnología.

Entre los invitados, figuran personalidades como los productores Manuk Hovaghimian y Alberto Fariñas, que aportaron información sobre el modo de crear una demo y establecer relación con los clientes; la locutora y productora Nathalia Hencker, quien clarificó la manera en que selecciona voces a distancia; o Jorge Mario Reyes, productor de audiolibros para la editorial Penguin Random House, con sede también en España.

Asumir riesgos

Para Manuk Hovaghimian, productor y propietario del estudio Animal Music, con sede en Los Ángeles y Miami, el talento en un locutor es “una condición necesaria, pero no suficiente”, explicó en octubre en un programa dedicado a la locución publicitaria.

Además del talento, lo importante es que el locutor posea también la capacidad de ofrecer soluciones, que contenten a los clientes y a todas las partes en juego, dentro el azaroso proceso de creación de las piezas publicitarias.

“Es una profesión complicada. Y hay que tener mucho aguante para soportar lo que te piden”, afirmó quien vertió además consejos en relación a la elaboración de demos o muestras de voz con que los actores tratan de sumar nuevos clientes.

Hovaghimian confiesa que recibe demos a diario. Y que no suele escucharlas hasta el final; cansado de oír siempre la misma retahíla, compuesta por una sucesión de pequeñas piezas donde el actor desgrana sus habilidades, tanto en el terreno cómico, como en el dramático, de animación, con un tono sensual…

“Preferiría algo en lo que el locutor sea realmente bueno. Cada cual tiene que saber las dos o tres cosas en las que es bueno. Es mejor poquito y muy claro”, concluye, recomendando además que se estudie muy bien a qué se dedica el estudio receptor de la demo.

Luego, hay que insistir, añade. Aunque sin llegar a ser molesto. Realizar un seguimiento de cómo ha recibido el estudio o la productora la muestra de voz.

En la misma línea, Alberto Fariñas, productor de publicidad en Animal Music que participó en la misma charla, explica que lo decisivo para inclinar la balanza en favor de un locutor es “algo que sorprenda”. “Son detalles”, afirma quien enmarca ese matiz distintivo en el apartado de la “interpretación artística” que el locutor debe aportar para separarse del resto.

En la demo, además, el locutor debe hacer constar si cuenta con estudio propio, detallar su equipamiento, en el que no debería faltar un buen micrófono, un acústica “decente” y herramientas como Source Connect o Session Link, que permiten transmitir el audio en tiempo real.

Las tarifas en Los Ángeles

Aunque el espacio está enfocado a América Latina y Estados Unidos, su contenido refleja una realidad común a otros países como España, donde la presencia de estudios domésticos también se ha multiplicado, y donde los empresarios destacan también entre sus preferencias el desarrollo del trabajo remoto, tal y como afirmaron a este blog en octubre desde la patronal madrileña Aedma.

En Los Ángeles, donde trabaja la productora y actriz Nathalia Hencker, voz de Pocahontas en el popular clásico de Disney, seleccionando voces para doblaje y locución en castellano neutro desde su estudio Henckahontas Studio, se recurre cada vez más a estos estudios domésticos.

“Ahora estamos haciendo audiciones de doblaje remotas”, dice quien se encarga de seleccionar voces para productos como narraciones, animaciones, guías turísticas, centralitas telefónicas… en una ciudad en la que hay “muchísimo trabajo en español”, señala.

Sobre el tipo de voz, la actriz y directora de casting destaca que a Netflix, por ejemplo, le gustan las voces que se asemejen al original.

En cuanto a los honorarios, indica que el doblaje en Los Ángeles se paga por horas, a 25 dólares por hora, con un precio mínimo de 75 dólares, y un ritmo de trabajo que va de 25 a 30 loops a la hora (cada loop viene a ser 10 segundos de película).

El potencial del audiolibro

Por su parte, Jorge Mario Reyes, productor de audiolibros para la editorial Penguin Random House, que edita, también en España, un catálogo en español con más de 1.200 libros hasta el momento, remarca que, en este formato, lo fundamental es “el gusto por lo que se hace”.

Reyes, representante en Los Ángeles del gigante editorial, tras remarcar el incremento del trabajo en remoto, especialmente a lo largo del pasado año, recomienda al locutor leer antes, al menos lo del día siguiente, el contenido del libro que se va a grabar, a fin de poder dotar a la locución del “contexto, el texto y el subtexto” que atesoran las líneas que se va a trasvasar a una producción sonora.

En cuanto a las demos, Reyes aconseja limitar a entre 3 y 5 minutos las muestras que se enviarán a los productores de audiolibros, centradas en un formato de ficción, con dos personajes, uno masculino y otro femenino, además del narrador.

Confiesa que a los diez segundos de escuchar una demo, ya sabe si la va a escuchar entera o no. Y aconseja, en cuanto a la técnica de grabación, no parar en los errores, y retirar solo el sonido de las respiraciones que puedan molestar, o interrumpir la narración, como aquellas que van al principio y al final del capítulo o del párrafo; entre dos personajes; o cuando se regresa al narrador; si bien, admite, este es un criterio distinto para cada editorial.

Además, respecto a la velocidad de lectura, subraya que el audiolibro es la forma de actuación de voz “más lenta”. “Es un estándar estético”, añade. “Si voy rápido y te pierdo en algún momento, se rompe la magia”. “Tengo tengo que ir contando la historia de tal manera que no te aburra, pero que tú no sientas que me estás persiguiendo. Te tengo que llevar…”, concluye.

Imagen de Manfred Guttenberger en Pixabay


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