La ‘lluvia’ europea de millones, los 72.700 millones que la Unión Europea (UE) tiene proyectado inyectar en la economía española a través del Fondo de Recuperación, a fin de paliar los efectos de la pandemia de Covid-19, y modernizar las bases del tejido productivo, pasarán de largo para el doblaje. El sector, carente de una mesa que aglutine a los distintos intereses que conviven en él, e inmerso en el magma sectorial de la posproducción audiovisual, dejará de aprovechar una oportunidad, que, si se usa bien, está llamada a sentar los cimientos de una revolución tecnológica en el país, según auguran los expertos.

El doblaje en España vive por un lado fragmentado en su parte artística, desregulada en buena parte de la Península. Pero lo peor es la total desunión que se observa entre sus diferentes componentes; de un lado, los técnicos de sonido, junto al resto de personal de producción y administración de los estudios; de otro, los traductores; los empresarios, por último.

Quizás buena parte de esta desunión proceda de que, en realidad, el doblaje no es una actividad exclusiva para muchos de sus trabajadores. Salvo en el caso de los actores, que en buena parte se dedican únicamente a esta rama de la interpretación, el resto de componentes tienen en el doblaje tan solo una pata de sus ingresos. Es así en el caso de los técnicos – “No hay técnicos de doblaje; hay técnicos de sonido”, afirma Javier Valdés, director de Ad Hoc Studios –, que igual sonorizan una película española, que participan en un doblaje; y también en buena parte de los traductores; y por supuesto, en el de los estudios, para los que el doblaje no es más que una de las muchas actividades que realizan.

El sector audiovisual se ha organizado. Pero, dentro de esta industria, el doblaje no deja de ser una de sus distintas patas. Ahora bien, la experiencia del sector audiovisual demuestra que la unión produce sus frutos. Así ha sucedido con la reorientación de los incentivos por parte de la Administración, a instancias de la industria audiovisual española.

“Los incentivos fiscales están empezando a dar sus frutos”, afirma Gonzalo Carrión, de la empresa de posproducción El Ranchito, durante su intervención la pasada semana en las jornadas Madrid Ventana CineMad, dedicadas a sondear la situación del audiovisual madrileño y español. “Para eso han servido las asociaciones, como Alía. Han servido para que ahora tengamos unos incentivos que pueden competir”, señala quien, no obstante, matiza que el esfuerzo por estandarizar procesos y maquinaria, hasta situarse a un nivel competitivo, ha sido de las empresas. “Seguimos estando en inferioridad de condiciones. Aquí lo hemos tenido que hacer las empresas. Las Administraciones Públicas están empezando”, afirma, tras recalcar el “dolor de riñón” que suponen las inversiones requeridas para adoptar un nuevo estándar dentro del proceso de posproducción.

Cuestión de incentivo

La importancia de contar con una voz en la mesa del audiovisual se hace fundamental incluso cuando funciona la interlocución con la Administración. Es el caso del tax rebate, el incentivo que atrae inversión internacional, y que ahora, tras diseñarlo exclusivamente para los rodajes, la Administración española ha accedido a redibujar, después de las quejas de las otras patas de la industria, en concreto de la posproducción, que defiende que las películas y series se rueden aquí, pero también se acaben aquí.

“Lo interesante sería que las producciones vinieran aquí a rodarse. Y a terminarse”, afirma Vanessa Ruiz-Larrea, del estudio Deluxe Spain. “No solo compiten las empresas. Compiten los países por traer rodajes desde fuera. Y las empresas hemos hecho nuestra parte”, afirma la responsable del estudio durante la misma jornada de análisis del sector organizada por Alía, la federación de empresas en defensa del sector.

Ahora bien, ¿tiene el doblaje entidad suficiente para dejar oír su voz en las relaciones del sector con la Administración? Aquí las opiniones difieren. Mientras Javier Valdés, en conversación con el Blog de la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM), cree que el doblaje “está bien defendido”, al menos en cuanto a la representación artística de la profesión – los actores; y en el caso de Madrid –, no así en el caso de los técnicos, cuyas condiciones de trabajo se han depauperado; Pepe Egea, presidente de Feprodo, una federación que intentó sin éxito aglutinar a todo el sector, considera que el doblaje debería alzar su voz, y lanzarse a la conquista de nuevos mercados, como el del español neutro, que hoy se dobla en México y Miami (Estados Unidos), después de culminar la tarea común de construir una marca Doblaje Español.

“No existe una marca Doblaje Español. A pesar de que nuestra lengua es una de las más habladas del mundo”, afirma el también presidente de los técnicos de Aepsa quien pide además evitar caer en complacencias respecto a las bondades del doblaje que se hace en España; no solo porque su calidad se ha relajado mucho en los últimos tiempos; sino porque todos los países, no solo España, están también orgullosos de su doblaje: Italia, Alemania…

Heterogéneo modelo empresarial

Un último elemento complica este puzle donde se inserta el doblaje en nuestro país. Este último factor que complica la construcción de una voz común para el doblaje ha sido el desembarco de grandes multinacionales de la posproducción de sonido, que, tras comprar algunos estudios en nuestro país, en apuros por la vertiginosa transformación del modelo de producción y la digitalización, se han asentado en España, aunque su actividad abarca varios continentes. Una condición de multinacional la de estas empresas que puede restar interés por su parte a la hora de trabajar por crear una sola marca que aglutine el doblaje español, lo haga competir en el mundo, y defienda sus intereses dentro del conglomerado que forma la industria audiovisual.

En este sentido, los empresarios de Madrid, agrupados en la patronal Aedma, una de las dos más visibles, que representa los intereses de estudios como Deluxe, Sonologic, Lasso Estudios y Tecnison, afirma que las inversiones previstas por estos estudios madrileños están encaminadas a conseguir una mayor digitalización del sector, promover el trabajo en remoto y la utilización de plataformas digitales; si bien la asociación, como tal, no está pensando en presentar ningún proyecto que compita por lograr una parte del pastel de las ayudas europeas encuadradas en el Fondo de Recuperación, afirmó Ana Arbona, presidenta de la asociación, en declaraciones al Blog de la Escuela de Doblaje de Madrid.

En cualquier caso, el tiempo corre, y no parece que, de momento, el doblaje vaya a dejar oír su voz en el muy numeroso coro de solicitantes de las ayudas que repartirá el Fondo Europeo de Reconstrucción. Un coro donde otras industrias, como la muy importante industria de la automoción, con un modelo de consenso social de gran tradición, se preparan desde junio, con la creación de una Mesa de la Automoción, donde se sientan las distintas patas de la industria (fabricantes, concesionarios…), además de los principales sindicatos del sector.

Así, la Mesa habla con una sola voz, y canaliza la interlocución del automóvil con las autoridades españolas y europeas. Y, dada su importancia, pero también su organización, espera culminar sus esfuerzos haciéndose con una parte del pastel europeo, dentro de este histórico proceso de reparto de ayudas públicas dirigido a modernizar la economía, malherida por la Covid-19.

En el caso del doblaje, sin embargo, y a falta de articular, en primer lugar un modelo laboral que proteja a todos sus integrantes, no solo los actores, la pata mejor guarnecida, a pesar de las gravísimas carencias en buena parte de España, sino también a los técnicos de sonido y al resto del personal de estudio, traductores… ; y falto también de articular su complejo encaje como una de las ramas del subsector de la posproducción dentro de la pujante industria española del audiovisual; la tarea, hoy por hoy, se antoja imposible. Y así seguirá en tanto esta industria, que, tras facturar en 2015 entre 75 y 95 millones de euros, y dar empleo a unas 5.000 personas, según un nunca publicado estudio del Instituto de la Cinematografía y la Artes Visuales (ICAA), no sea capaz de alzar una sola voz.

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