José Egea, presidente de los profesionales de la sonorización audiovisual agrupados en Aepsa, defiende en este artículo la necesidad de aprobar una nueva ley para el doblaje español, que catapulte hacia el exterior a la industria, y aglutine a un sector, hoy dividido, en una etapa, como la actual, marcada por la abundancia de trabajo, que es sin embargo cada vez más precario.

Doblaje: viejas soluciones a problemas nuevos’

“Sin duda vivimos una nueva época en la industria del doblaje en España. El shock que la llegada de las nuevas plataformas (Netflix, HBO o Rakuten) ha producido al sector es incuestionable. Detrás de este aterrizaje han llegado multinacionales dedicadas al servicing de doblaje y locución como SDI, Deluxe, VSI o Eccler, que a su vez han traído consigo agresivas estrategias de precios, contra las que el modo tradicional de relaciones laborales no ha podido resistir. A ello se une la concentración del mercado en origen, con las distribuidoras cerrando contratos con un único proveedor, frente al reparto que anteriormente existía.

Muchos de los estudios de capital español que existían han desaparecido. Y la deslocalización de los servicios de doblaje se hace con el fin de lograr precios más baratos, y no más calidad. En resumen: hay mas trabajo que nunca, más oportunidades de las que nunca se soñaron, pero también es más precario y peor pagado. ¿Y de quién es la culpa?

Hace unos años tuve la oportunidad de asistir a una de las más importantes ferias de equipamientos y servicios audiovisuales del mundo y, de forma reiterada, me hicieron la misma pregunta: ¿Por qué no hay un stand de doblaje español?

Esta pregunta me llevó a las siguientes premisas:

  • Que nunca ha existido un “doblaje español”.
  • Que nunca ha existido, tampoco, una competitividad, ni deseos de evolucionar, del propio sector.

Y no es que el doblaje español sea mejor que el alemán, italiano o japonés, es que es la lengua que más se usa. Hay que recordar que el español es usado por más de 400 millones de personas. Como también me dijo un productor de dibujos animados infantiles: “En Estados Unidos prefieren el doblaje en ‘español’ de España, que ‘español neutro’”.

Tenemos la industria, tenemos los profesionales, tenemos la tecnología y la capacidad y, sin embargo, hemos sido colonizados y pasamos a ser meros proveedores de voces, al peso.

Hubo un tiempo en el que la industria española de doblaje podría haber competido por sí misma y haber sido dueña de su destino estando presente en los mercados exteriores, ferias y festivales, con personalidad y derechos propios.

Hoy sin embargo solo tiene posibilidades de evolución hacia una situación positiva con la ayuda del legislador. Pero el legislador debe de entender que esta industria es importante, que garantiza muchos puestos de trabajo, que es parte integral e importante del tejido industrial audiovisual, estable y sostenible en el tiempo y, además, un valioso recurso para el idioma español.

Existe, en suma, la necesidad de una ley que ampare al sector. Una ley que, sin embargo, solo llegará cuando el legislador tome conciencia de esa absoluta necesidad. Lamentablemente, la situación actual es muy distinta. Para el legislador, hoy en día, el doblaje no existe; sigue siendo un desconocido; peor aún, culpable incluso de que seamos un país donde «apenas se hablan otros idiomas”, o culpable de que “el cine español se vea poco”.

Es necesaria la unidad del sector y dejar de pensar en términos de supervivencia. Superar la fase de los convenios colectivos locales, las mentalidades sindicales y de cotos de caza privados. Debemos reposicionar el sector y recuperar la competitividad en base a su reconocimiento como activo esencial del sector audiovisual y el idioma español, lograr el apoyo y protección de la Administración Pública, y desarrollar su competitividad, en origen.

Es momento de unión. Y como solíamos decir en Tecnison, la que fue mi casa durante 12 años: podemos hacer las cosas bien… o como siempre”.

José Egea es presidente de Aepsa.


1 comentario

Juan Francisco J. F. · 3 marzo, 2020 a las 10:37 pm

Interesante, sin duda el punto de vista, que ayuda a entender la situación del sector. Pero miedo me da que un sector tenga que depender del paternalismo del poder político – los legisladores – para subsistir. Que Dios nos coja confesados si debemos depositar la supervivencia del sector en Sus Señorías de Las Cortes. (Ojalá seamos entre todos capaces de desarrollar otras opciones y otros enfoques).

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