Pachi Aldeguer: «Cada cinco años cambian los tonos en la calle»

Pachi Aldeguer: «Cada cinco años cambian los tonos en la calle»

Pachi Aldeguer, actor, director, cómico inveterado, últimamente escritor, docente, repasa en esta entrevista con el blog de la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM) su fructífera y larga trayectoria en el doblaje, desde sus inicios en los años 80, hasta su reciente retirada; con ocasión de la publicación de su último libro Take mate, final de partida, donde completa el relato de sus vivencias en el mundo del doblaje, que ya iniciara con su primer libro Anecdotakes, y después de haber dejado en el atril un ramillete de interpretaciones memorables, siempre pegadas al rostro y las maneras de actores como, por ejemplo, John Travolta, Steve Buscemi, Martin Lawrence, Antonio Banderas y otros muchos, asentado siempre en el firme terreno de la honestidad y la credibilidad, dentro y fuera del estudio; lo que le ha granjeado el respeto y el cariño de toda la profesión.

PREGUNTA: Take Mate, final de partida es el título de tu último libro, dedicado a la industria y el arte del doblaje. El título tiene un aire de despedida. ¿Por qué?

Por el paso del tiempo. Aunque lo respeto, nunca he sido un actor de los que quieren morir en el atril con las botas puestas. El momento llegó con los años. Y también ayudó la pandemia. Fue entonces cuando vi que llegaba el momento de la transición del atril a la vida; después de haberle dedicado mucha vida al atril. Llegado ese momento simplemente le di a la tecla Enter, y lo ejecuté.

PREGUNTA: En Take Mate, final de partida, además de expresar tu admiración por diferentes profesionales del doblaje, no esquivas el relato de algunas arbitrariedades de un mundo gobernado en ocasiones por lo que llamas El Gran Sanedrín de los Listillos. ¿Es muy nutrido ese sanedrín? ¿Por qué se alzan con puestos de responsabilidad? ¿Crees que el doblaje es distinto a otras profesiones en este sentido?

Todo lo contrario. El doblaje tuvo años, o décadas, en que logró mantenerse al margen del poder de multinacionales y de ejecutivos opinadores; a pesar de lo que ocurría ya en la industria del cine, desde sus inicios en Hollywood. Al doblaje español, ese fenómeno llegó con decalaje. Fuimos una bendita excepción. Supimos convivir bien durante un tiempo; los productos funcionaban. Pero, después, con el progreso tecnológico, cambió el ritmo de trabajo. Y las decisiones de los ejecutivos, siempre unilaterales, lograron imponerse, apartando de un golpe el criterio artístico de contrastados profesionales. Antes no es que no existiesen, es que eran propuestas consensuadas con el director artístico. Con el tiempo las propuestas se convirtieron en imposiciones, y ahí la historia ya cambia.

Luego, como en muchas otros ámbitos – especialmente en la industria audiovisual – el doblaje empezó a nutrirse de profesionales que no se quejan, que no plantean problemas; sobre todo en la dirección. En el atril, te puedes quejar. Pero, si te quejas mucho, simplemente te sustituyen, y que pase el siguiente. Pero, en la dirección, se lo tienen que pensar. Porque un director puede dejar de trabajar para ellos… Influyen más factores, incluso personales.

Aunque ya no frecuento los estudios, mi impresión es que últimamente el fenómeno ha ido a más. Y se ha ampliado, ya no solo a la figura del supervisor, sino a televisiones, multinacionales, corporaciones, e incluso, en algún caso, a los profesionales de los departamentos de producción de los estudios; no a los de la “vieja escuela, no, me refiero a los encargados de completar repartos más allá del criterio artístico fundamental. No sería justo generalizar esta situación.

PREGUNTA: En tu libro también repasas algunas situaciones que tienen que ver con lo políticamente correcto, y que afectan al doblaje, por ejemplo en el reparto de las voces para doblar a actores negros, orientales y otras situaciones similares. ¿Adónde nos llevará toda esta corrección política?

A ningún sitio, gracias a Dios. Todo se queda en intervenciones de poltrona, de una noche loca. Pero las intentonas han estado y seguirán estando. No solo con actores negros u orientales – casos que son una barrabasada, a poco que se piense – sino en otras situaciones, como con la edad; pretender igualar las edades de actores de imagen y de los de su doblaje. No tiene ningún sentido. ¿Cómo doblar a Benjamin Button entonces? Habría que contar con tropecientos actores diferentes, todos de edades distintas. No tiene ningún sentido.

PREGUNTA: Sin embargo, tampoco eres partidario de que gente talludita doble a actores jóvenes, ¿no?

A los niños, no, desde luego. Y, en cuanto a los jóvenes, cuando un actor de 46 años sigue doblando a adolescentes rebeldes, hay algo en los tonos, la credibilidad, el subconsciente… que acaba chirriando. Me parece mucho más fresco contar con un adolescente; da igual si tiene tres o cuatro años más; no hace falta que sea la edad exacta, con tal de que también sea un adolescente. Y lo mismo con los veteranos. Si los doblan actores o actrices veteranos, todo funciona mejor. No tienes que decirle al actor que fuerce la voz o las intenciones para lograr algo que debería surgir de un modo mucho más natural.

PREGUNTA: Además, en tu libro, llamas a superar una ‘imperante doblajitis’. ¿Qué es eso?

Esta visión procede más de mi actividad como profesor. Desde hace unos años, al imperar un ritmo de trabajo demasiado veloz, especialmente a los actores que empiezan en el oficio, se les deja poco margen para que vayan descubriendo su voz, para que descubran la ‘marca de la casa’. Al final solo se quiere una voz. Y punto. Entonces, para los chicos es más cómodo imitar o parecerse a alguien. Así, si me parezco a fulanito o fulanita, presupongo que van a contar conmigo. Todo suena un poco igual. Por eso surge esa ‘doblajitis’.

A mí siempre me han gustado los actores y las actrices con un sello de la casa, con una impronta personal, intransferible. Aquellos que, además de mimetizarse con el profesional de la pantalla, tienen una voz original, que no sea una imitación. Si no, todos los personajes, ya sean de una serie medieval, o de ciencia ficción, suenan igual. No puedes distinguirlos.

PREGUNTA: En uno de los capítulos más emocionantes del libro, se describe el doblaje de Cocoon y su secuela, dirigidos en los años 80 del pasado siglo, por Ramiro de Maeztu, al frente de un reparto, cuajado de estrellas del atril. ¿Volverán esos tiempos?

No. Primero por los tiempos de trabajo. Después por el hecho de doblar en banda, por separado. El hecho de no compartir esa química en el atril hace imposible que se produzca lo que hicieron esos grandes maestros y maestras del doblaje: por ejemplo, en el doblaje de Cocoon y su secuela.

PREGUNTA: Entonces, ¿quién debe doblar a los niños? ¿Niños o mujeres?

Son dos trincheras que se cruzan, pero acaban en un laberinto. Los niños posiblemente deberían doblarlos otros niños. Pero a veces por cuestiones de plazo de entrega del producto no se puede. Algunos clientes demandan que sean niños. Sin embargo, la legislación exige llevar a esos niños al estudio después del colegio. Entonces la jornada se reduce a un par de horas. Como no hay tiempo, se pretende que lo hagan rápido. Los directores tampoco tienen tiempo; están casi al final de la jornada. Y acaban diciéndole al niño cómo tiene que decirlo. El niño lo repite. Pero ya no suena como un niño, sino como el director, hablando como un niño. Es un lío. A veces quedan cosas rarísimas.

En cuanto a las mujeres, es un hecho al que estamos acostumbrados. Y había grandes compañeras que lo hacían muy bien. Pero al final, niño tras niño y película tras película… Los tonos en la calle han cambiado. Los tonos en la calle cambian cada cinco años. Cuando ves programas de televisión de los años 80, escuchas a gente hablando de una manera totalmente distinta a la de hoy. Y, si no hay un reciclaje, la mujer que doblaba a niños muy bien hace 20 años, ahora lo deja en boca perfectamente, pero el niño suena con tonos de La Movida… Suena un poco raro.

Además, el talento, tampoco en los niños, no es algo que venga de serie. No es fácil descubrir a niños que tengan, además del talento, reflejos, intuición, rapidez, atrevimiento, riesgo… Al final, de nuevo por las malditas prisas, la mayoría de los niños suenan sospechosamente iguales.

PREGUNTA: También repasas, en un capítulo muy divertido, la llegada del ‘famosismo’ al atril, en una conocida película interpretada por un cómico sin experiencia en el doblaje. ¿Qué es lo peor de este fenómeno de los ‘star talent’?

Lo peor es que es el propio dueño o encargado del producto quien les contrata, les paga — mucho más que a un profesional del doblaje —, y no le importa que la cosa no funcione, y quede grabada para la eternidad, hipotecando la apuesta artística, por una arriesgadísima, y cada vez menos original, maniobra del departamento de marketing.

PREGUNTA: ¿Qué han aportado las redes sociales al doblaje?

Las redes sociales han aportado algunas cosas buenas al doblaje. Pero en general, como en otros ámbitos, solo suponen algo muy inquietante. Hay 40.000 opiniones que hablan desde fuera, sin conocer el funcionamiento real de un doblaje. A uno le acaba dando pereza debatir o argumentar… Personalmente, desde las Navidades pasadas, ya he colgado el cartel de ‘Cerrado por vacaciones’ en mis redes sociales. Ahora mi única red es Whatsapp. Y mi objetivo, imposible, es llegar a no tener teléfono móvil. Es una quimera, ya veré si lo consigo.

PREGUNTA: ¿Y los estudios domésticos?

Depende del objetivo. Profesionalmente, para algún boceto o prueba, por una cuestión de distancia, pues acerca esa posibilidad. Pero, en lo que respecta al doblaje, y esto es una opinión personal, para mí, ‘casa es casa’. Si doblo, tiene que ser en un estudio, con compañeros, con un profesional en la mesa de sonido, con un profesional en la mesa de dirección, y oliendo a ambiente de trabajo. He doblado algún retake en casa, por una cuestión de distancia, por no hacer 400 km para una frase. Pero doblar una película resultaría imposible para mí. Creo que se nota. No es lo mismo doblar a un personaje en tu casa, en pijama, sin la presión necesaria y positiva del ambiente laboral. Si no, además, nos han estando engañando durante décadas: insonorizando espacios, comprando micrófonos carísimos, con unos proyectores espectaculares… Nos han hecho firmar contratos de confidencialidad para no soltar spoilers, y ahora de repente en cualquier domicilio, tienes el último capítulo de Juego de Tronos. Siempre puedes comparar lo que te pagan por doblar ese capítulo, y lo que te pagaría un hacker, si le pasas el capítulo… No deja de ser tentador.

PREGUNTA: Ahora que hablas de spoilers, y esta vez en referencia a tu libro, ¿quiénes son Los Roper?

En el libro, los Roper —que fueron una pareja, en la televisión, de una serie; a su vez, sacada de otra serie: Un hombre en casa — son una metáfora de una pareja real, que por un contrato de confidencialidad conmigo mismo, no puedo desvelar (risas).

PREGUNTA: En la actualidad te encuentras preparando una novela; la primera en tu carrera como escritor. ¿Cómo va su escritura? ¿Te sirves de los personajes interpretados a lo largo de tu extensa carrera como actor a la hora de imaginar?

Utilizas un poco de todo. Igual que al leer un libro, no solo actores de doblaje, sino cualquier lector, adjudica voces a los personajes, a la hora de escribir, el doblaje ayuda a imaginar una voz. Pero solo en algunos casos. El resto es una cuestión de imaginación. Y de lo que disfruto escribiendo. Tenía ganas de cerrar, con Take mate, la etapa de hablar de lo que he vivido, o me han contado. Y empezar a escribir sobre cosas imaginarias, o sobre la realidad, pero en mundos aparte, con vivencias que desconoces hasta que las escribes. Mis expectativas como escritor, a estas alturas de la película, son las mismas que mantuve como actor de doblaje. Al igual que siempre doblé los takes disfrutando el momento de la grabación en el atril, sin pensar en los que lo escucharían, ahora escribo disfrutando el momento de la escritura, más allá de si alguien lo va a leer o no.

PREGUNTA: Por último, Pachi, con la llegada de la inteligencia artificial, ¿tiene futuro la carrera de actor de doblaje?

El futuro va a depender en gran medida de nuestra capacidad de adaptación. Estamos en los albores. Unos albores precipitados y trepidantes. Pero el doblaje se sitúa en la misma situación que actores de imagen, cantantes, periodistas, locutores de televisión, radio… El asunto de la inteligencia artificial no va a ceñirse solo al doblaje. Cada día hay noticias nuevas. En el libro yo apunto algo. Es una simple intuición, pero durante un período creo que habrá que convivir. Y luego no se sabe qué pasará: cambiará la normativa, las tarifas y la forma de hacer el trabajo. Está por ver todo. Pero está ahí. Y ha llegado para quedarse.

Recientemente he leído una idea. La de dotar a las voces sintéticas de una especie de acento o de marca de agua. No creo que vayan por ahí los tiros. Además, plantear eso significa que ya estás aceptando el hecho de que, sin esa marca de agua, la voz sintética va a sonar igual que la voz humana. Si no, no haría falta.

En lo que respecta al doblaje, en algunos casos lo empeorará. Pero habrá también casos en que la inteligencia artificial sonará mucho mejor. Desde luego mejor que una ‘star talent’; eso no es difícil. Pero también mejor que algún profesional que se dedica a doblar en modo automático. Veremos. De momento prefiero confiar en que, de algún modo, nuestra inteligencia emocional pueda seguir ofreciendo matices inalcanzables para la inteligencia artificial, ya que no dependen de la matemática pura y dura.

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