Neri Hualde: «A los nuevos actores se les exige hoy mucha rapidez»

Neri Hualde: «A los nuevos actores se les exige hoy mucha rapidez»

Hija y nieta de directores y actores de doblaje, Neri Hualde —actriz y docente— recuerda en esta entrevista sus primeros pasos por una sala de doblaje, y los cambios que han afectado a la profesión, en su vertiente artística y técnica. Además, la voz de Sansa Stark, en Juego de tronos, y de Cheryl Blossom, en Riverdale, relata su paso por estas populares series, y desvela algún reto vocal que le supuso uno de estos papeles. Por último la profesora de la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM) —editora de este blog— analiza el futuro profesional de sus alumnos, ante las nuevas exigencias en esta difícil ocupación.

Neri, tú procedes de una familia de actores, con varias generaciones dedicadas al mundo de la interpretación. ¿Qué ha significado esto en tu vida? ¿Cómo recuerdas tu infancia respecto a este asunto? ¿Te acuerdas de ver actuar a tus familiares? ¿A quiénes? ¿En qué obras? ¿En el doblaje, en el teatro, la televisión?

Ante todo, ha supuesto una apertura al mundo del arte. Antes, para la gente de mi generación, el mundo del artisteo estaba muy mal visto. No en mi familia. Me familia me tomó en serio, cuando dije que quería ser actriz y bailarina. Y cuando decidí estudiar la carrera de ballet clásico y la de interpretación.

Recuerdo verlos trabajar. A mi abuelo, Alfonso Santigosa, recuerdo verlo ajustar. Y a mi madre, Pilar Santigosa, ajustar también, pero sobre todo doblar. La recuerdo en la sala de doblaje, doblando al personaje de Mary Jane, de Spiderman, siendo yo muy chiquitilla, con el uniforme del colegio. —“De mayor seré como mi mamá”—, pensaba yo entonces. Era mi día a día.

Y a mis compañeros del colegio, la cara que se les quedaba, cuando les decía: —“Esa es mi mamá, la de la tele”—. Algunos no me creían. Y otros cuando llamaban a casa, me pedían: — “Dile a tu madre que diga: ¡A por ellos, tigre!”—.

¿Cuál es tu primer recuerdo de una sala de doblaje?

Recuerdo, bastante pequeña, ir con el uniforme de colegio al estudio de doblaje. Y sentarme en un asiento, donde me colgaban las piernas, al lado de Pepón, el técnico de sonido. Iba a esperar a que mi madre terminase, para volver luego a casa, a hacer los deberes.

¿Cómo ha cambiado el mundo del doblaje desde entonces? ¿Han variado los contenidos? ¿Qué echas de menos del doblaje antiguo? Entre las novedades, ¿en qué hemos salido ganando?

Ha cambiado todo. En aquel tiempo, todavía existían las bobinas. Me acuerdo de ver a Pepón, cambiando las bobinas. —“Los técnicos son Dios”—, pensaba yo. Se paraba la sala. De hecho, la única duda que he tenido respecto a mi vocación fue por ver a Pepón. Quise ser técnico, durante una temporada.

Desde entonces, ha cambiado todo. La técnica. Pero también la forma de decir, los tonos. Antes sonaba distinto, un poco a cine antiguo. Ahora se busca más la naturalidad. Pero lo que más es el tiempo. Y es lo que yo echo más de menos. Tiempo. Para repetir un take. Para ensayarlo bien. Para que te dirijan mucho. Hoy solo se cuenta con tiempo suficiente en muy contadas producciones. Ahora todo se quiere para ya. Hacemos dos ensayos, y lo grabamos. Es una locura. Eso es lo que más ha cambiado.

Y por lo que hace a los géneros, esto es rotativo. Primero se ponen de moda las naves. Luego, los vampiros. Después, los médicos. Los abogados. Y vuelta a empezar. Es muy cíclico. En veinte años que llevo en el atril, lo he visto bastante. Ahora, por ejemplo, estamos con los culebrones turcos; algo que no habíamos vivido nunca, y que pasará, supongo, como todo.

¿Qué registro te costó más pillar en tus inicios?

El más adulto. El más natural. El más serio. Me daba la sensación de que estaba un poco muerta. Todas las chicas tendemos a pitufarnos un poco. Acabamos sonando a dibujo animado. Lo que más me costó fue bajar la voz; utilizar mis graves. Sonar seria, sin parecer muerta. En la vida real, soy una persona muy cantarina. Y llevo siéndolo desde pequeña. Así que mantener la voz, y no cantar mucho las frases, fue lo que más me costó.

¿Cómo eres como espectadora? ¿Qué te gusta? ¿Ves cine en versión original?

Me gusta mucho el cine. Pero nos pasamos el día viendo películas y series. Y, cuando llego a casa, no es lo que más me apetece. Veo series. Pero busco cosas que requieran poca atención. Necesito un poco de desconexión. Prefiero leer, por ejemplo. Y, si pongo la televisión, últimamente veo realities y cosas así; para no tener que estar muy atenta. Ya sufro bastante en el trabajo día a día, actuando. Cuando llego a casa, digo: —“Más pelis, no”—.

¿Y como lectora? ¿Lees habitualmente? Si es así, ¿qué géneros?, ¿qué libros te han gustado más últimamente?

Sí. Leo mucho. Menos de lo que me gustaría, por falta de tiempo. Ahora, estoy releyendo la novela de James Redfield Las nueve revelaciones. También me gusta Eduardo Mendoza, e Irene Nemirovsky —Jezabel es uno de mis libros favoritos—. Leo cosas muy dispares. En verano, por ejemplo, leí la biografía de Marilyn Manson. Y todos los años sin falta, desde hace tropecientos siglos, El principito.

Cuando comenzaste a doblar a Sansa Stark, uno de los personajes principales de Juego de tronos, ¿imaginabas el impacto que iba a lograr la serie?

En absoluto. Cuando empecé a doblar la serie, ni siquiera los libros tenían tanto reconocimiento. Poco a poco nos fuimos dando cuenta. Aunque siempre hacemos los personajes con el mismo cuidado, sean de una serie de tercera, o de Juego de Tronos. No tenía ni idea de lo que iba a suponer.

Has doblado además a otros personajes, en adaptaciones de cómics como Cheryl Blossom, de Riverdale, o Prudence, de Sabrina. ¿Qué te parece esta invasión del cómic y el género fantástico en la ficción audiovisual? ¿Se nota en los papeles? ¿Cómo son los personajes basados en estos géneros? ¿Qué dificultades plantean al actor?

Los personajes de estas series están más estereotipados. Cheryl está siempre muy colocada, muy impostada; a veces parece casi un dibujo animado, no parece un ser humano. Es muy prototípica: la pija, rica, prepotente… Y Prudence, la bruja, oscura, con muchos graves.

La industria escucha al público. Y me parece bien. Hay un público muy grande para estos productos. Riverdale ha sido un bombazo entre el público joven. Me sigue más gente por Riversdale, que por Juego de Tronos; con eso te lo digo todo

En cuanto a los videojuegos y la animación, donde te has prodigado, en series como Phineas y Ferb, o en juegos como Resident Evil, ¿cómo abordas estos géneros?

Los dibujos me encantan. En Phineas y Ferb, el personaje de Isabella posiblemente sea uno de mis personajes más queridos. Es muy especial para mí. Vocalmente, yo estoy muy cómoda en agudos; no me supone nada. Por lo visto, el original lleva un pitch o algo así [un efecto de sonido]. Pero yo no necesite nada. Me parece un personaje entrañable. Era la enamorada del protagonista. Pero tenía mucha fuerza; creo que cambió un poco el papel de las niñas en las series.

Y, en Resident Evil, interpreto también a una mujer luchadora. Son dos personajes a los que tengo especial cariño. Resident Evil fue uno de mis videojuegos favoritos, cuando era gamer. Y ser Jill Valentine fue para mí un regalazo.

El público de los videojuegos, y el del anime, es un público muy exigente, como tiene que ser. Y siempre que hago videojuegos o anime me da bastante respeto.

¿Cuál es el papel que más te ha exigido vocalmente?

Tanto en agudos como en graves, me encuentro bastante cómoda. Pero hice una serie, no recuerdo el título, que me costó más. Era francesa y la chica hablaba de una manera muy especial. Soltaba mucho aire al hablar. Y el cliente quería que se respetase ese rasgo. Era agotador. Estaba hiperventilando todo el rato. Y decía: —“Madre de Dios, es que no me llega”—; a pesar de que tengo bien controlada la respiración.

En cuanto a la docencia, ¿qué ha supuesto para ti? ¿Qué se exige hoy al actor de doblaje novato que antes no se exigía?

La docencia me encanta. Ha supuesto para mí enfrentarme incluso conmigo misma. Aprendes muchísimo enseñando. Los actores aprendemos constantemente, día tras día. Pero, a veces, uno se acomoda un poquito. Y mis alumnos no me dejan. Quiero verles crecer. Busco cómo enseñarles. Cómo hacer que entiendan este o el otro concepto. Y eso me hace aprender constantemente. Yo les enseño a ellos. Pero ellos también a mí.

Para mí ha supuesto crecimiento profesional. Y también personal. Me ha dado bastante mano izquierda, mucha psicología. Es muy complicado dar clase. Y es una tarea preciosa.

En cuanto a lo que se exige ahora, volvemos al tema de la rapidez. Se sigue exigiendo que sean buenos actores, capaces de mimetizarse con el personaje al que prestan la voz. Pero antes teníamos más tiempo para ver el take. Hoy en día se va a toda prisa. Se les exige mucha más rapidez que cuando yo empecé.

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