Jorge Lerner: «Se abusa de la voz susurrada en el doblaje»

Jorge Lerner: «Se abusa de la voz susurrada en el doblaje actual»

Veterano técnico de sonido en Tecnison, mezclador del gran estudio madrileño, y con cerca de 400 películas estrenadas en salas de cine en su haber, además de numerosas series y diversos productos de cine y televisión, Jorge Lerner aboga en esta entrevista, realizada para el blog de la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM), por estrechar la colaboración entre técnicos y actores, al tiempo que señala algunos de los vicios del doblaje actual, y disecciona el proceso de sonorización de una película —que todo actor debiera conocer, aconseja—, para concluir con un encendido elogio al sistema Dolby Atmos, y sus mejoras en el tratamiento del diálogo.

¿Cómo puede un actor de doblaje ayudar a los técnicos de sonido?

La colaboración es fundamental. Se habla mucho del carácter de orquesta que tienen los distintos elementos que componen una producción: la música, los efectos y el diálogo. Cuando los actores no son conscientes de que son una parte de ese todo, empezamos a tener un problema. Un problema en cuanto a las proporciones y las cualidades de la voz. El Reparto es importante. Las características de las voces, su rango, el tipo de cuerda de los actores ya empiezan a marcar el éxito futuro de ese doblaje.

Un actor puede estar en su cuerda y estar muy cómodo, con mucho margen. O puede estar en un extremo de esa cuerda; pasarlo mal y hacerlo pasar mal al conjunto de esa ‘orquesta’.

Es una cuestión muy técnica. La voz tiene una altura tonal, un rango dinámico, tiene unas características que la hacen funcionar realmente como un instrumento. En ese sentido, cuanto más afinado esté ese instrumento y más cómodo esté su intérprete, más cerca estaremos del objetivo.

El actor tiene una posibilidad fantástica de empezar con éxito su trabajo, cada trabajo puntual, informándose a través del técnico. Los Técnicos de Sala son personas muy relacionadas con el conjunto de la película. Están en contacto con el estudio y sus distintos departamentos. Producción, Edición y Mezclas se comunican con ellos antes, durante y después de la toma de sonido. A esto se suma su capacidad de atender a la sala en un montón de cuestiones que facilitan la labor de la parte artística.

Una de las primeras cosas que debe hacer un actor es atender a las indicaciones del técnico, que sabe no solo de cuestiones técnicas, sino también de cuestiones que inciden en el producto, como son materiales, o el tiempo que hay para realizar el trabajo. Hay muchas cosas que no están presentes en la sala y que el director, aunque quizás las conozca, no tiene en mente durante la sesión de doblaje por estar muy ocupado con otras cuestiones: guion, interpretación, traducción… Atender a los comentarios del técnico es muy importante.

Eso de forma general. Y, en particular, comprobar el buen emplazamiento ante el micro y preocuparse de saber si el técnico está consiguiendo su objetivo, que es hacer la toma correcta, no siempre la más rápida.

Hay que ensayar y comunicar lo que esté pasando en el atril para que el técnico lo conozca y pueda actuar en consecuencia. Si el actor, por cuestiones de prisa, no quiere o no puede ensayar, o ensaya poco o mal; y luego, durante la grabación del take, emite de una manera distinta, comprometerá el trabajo del técnico y por consiguiente, el resultado de la toma de sonido. Se puede hacer mucho por parte del actor.

¿En qué estado te llegan las voces de los actores de doblaje a tu puesto de Mezclador de Regrabación? ¿A qué tipo de proceso las sometes tú?

Nuestro trabajo tiene un objetivo muy claro, muy parecido al del actor. Acercarnos lo más posible al original. Debido a que la toma de sonido se realiza en salas muy neutras, vamos a recibir unos diálogos muy ‘secos’, muy ‘muertos’. No tendrán nada más, y nada menos, que lo que haya puesto el actor y la habilidad del técnico para captarlos. Si eso se ha realizado bien, y aquí incide la cuestión de la que hablábamos antes —funcionar como una orquesta— entonces la voz, y cuestiones como la altura tonal, su rango dinámico, la métrica o medida de las frases y su posición en la película, serán determinantes.

En la sala de mezclas es donde se establecen los niveles, la posición dentro del entorno multicanal (izquierda, derecha, surround…) y el procesamiento que necesite cada voz en cada secuencia: en los casos de que los personajes estén en una catedral, a través de un teléfono o algún efecto que sea necesario para darle unas características concretas o situarlas en una localización.

Es necesario que se haya respetado el original en cuanto a esos rasgos concretos: métrica, posición… Que las frases no estén largas ni cortas, ni atrasadas ni adelantadas; dado que esos fallos empiezan a influir sobre el resto de los elementos: la música y los efectos, y todos empezamos a sufrir. Porque hay que colocarlas, estrecharlas, adelantarlas, recortarlas, ecualizarlas de una forma forzada… Hablamos ahora de una corrección inicial de la voz, no para darle características como distancia, eco, un teléfono, un robot… Eso es otra cosa. Esto es simplemente para que las frases suenen en su sitio.

El original es el que manda. Tenemos una matriz que hay que seguir al pie de la letra. Si tienes un paneo o panorámica a la derecha, no puede ser un paneo ni largo ni corto. Tiene que estar en su sitio. Y para que esté en su sitio, la frase tiene que medir lo que ha de medir. Estamos hablando de ritmo. Es como cambiar la duración de una nota. Si tienes una frase que no está en su sitio y en su tiempo, estás alterando el ritmo. No desde un punto de vista estético; desde un punto de vista técnico. Porque te va a pillar un trueno, te va a pillar un grito, te va a pillar otra frase…

Luego ese sonido ‘aséptico’, muy soso, bastante ‘horrible’ — como debe ser— , hay que moldearlo, modularlo a través de distintos procesados: ecualización, compresión…; en fin, lo que vaya necesitando cada caso para hacer una adaptación, tanto de las características de las voces, como de su posición en el original.

En esa fase la gran labor es llevarlas a su sitio y hacerlas funcionar como en el original. Ahí tenemos el mismo trabajo que los actores. Unos tienen unas herramientas de tipo interpretativo y otros de tipo técnico pero de tipo creativo en ambos casos.

¿Se tratan las voces de forma distinta en función del género de la película? ¿Existe un procesado para la comedia, otro para el drama…?

A priori, no. Por la misma razón. Todos los procesados o trabajos de manipulación del sonido se hacen en función del original. Si tenemos un original con unas voces muy presentes, muy enteras, muy redondas, habría que colocarlas en el mismo sitio en su característica sonora. Si tienes una película con unas voces muy recortadas, muy ‘estrechitas’, con un sonido muy exterior, hay que emular eso. Y si tenemos una película donde intervienen muchas voces, mucha gente, mucho jaleo, y el sonido directo tiene esa coreografía, lo más normal es que esas voces sean más ‘estrechitas’, más pequeñas, tanto en la forma de interpretar, como en la forma de mezclarlas. Siempre estaríamos imitando al original.

Sí es cierto, por ejemplo, que el cine de terror suele seguir determinadas pautas. Puede tener unos diálogos más redondos, más “importantes”. En este género todo está muy medido, muy controlado. En una comedia loquísima, en cambio, donde los personajes entran y salen, vuelan por la pantalla, van y vienen, y se pisan unos a otros, si las voces son muy redondas, muy grave, pueden comprometer la inteligibilidad. En la versión original ya lo habrán evitado, y habrán marcado las características de ese sonido. Más que por el género, te diría que cada película tiene su rango, sus características propias. Eso es lo que imitamos.

¿Y en cuánto al sexo de los intérpretes? ¿Se tratan de forma distinta las voces graves y las agudas; las de hombre y las de mujer? ¿Qué problemas específicos plantea cada una?

Se tratan por supuesto de manera diferente. No por el género, sino por el rango de frecuencias que ocupan. Si fuera una voz de un chico pero que tiene un tono muy alto, un timbre muy atiplado, tirando a agudo, lo trataríamos de forma muy similar a la voz de una mujer que tienda a grave. Tiene que ver con las características del sonido y la forma de emitir del actor.

Es verdad que en general las voces femeninas suelen tener mucho ataque, son más difíciles de controlar en cuanto a los medios y los medios agudos, y no suelen tener los problemas de las voces graves en cuanto a inteligibilidad. Las voces masculinas son más redondas, tienen un rendimiento menor, son menos audibles, más difíciles de manejar en cuanto a la inteligibilidad, pero carecen de esa dinámica ‘dura’ que tienen algunas voces femeninas; El rango de frecuencias que ocupa la voz femenina es mas audible, en la zona de medios y medios agudos. Mientras que la voz grave ocupa una parte un poco más abajo, que resulta algo más ‘cómoda’. Pero todo esto es muy relativo. Y en cada caso tienes que hacer el trabajo que se adecue a cada voz y a las necesidades de la película.

¿Cómo ha ayudado el progreso técnico al doblaje en los últimos años?

Muchísimo y en distintos aspectos. En el caso de la grabación, hace ya muchos años se implementaron los sistemas de grabación no destructivos, con el cual se puede recuperar cualquier mal pinchazo, o cualquier error en la toma de sonido, recuperar el final de la frase anterior, recuperar una frase completa, o prácticamente el doblaje entero a través de sistemas de copia de seguridad…

La edición habilita un montón de herramientas y procedimientos que permiten por ejemplo cambiar una palabra, cambiar una letra, forzar un final… Todo a través de la edición.

Hace algunos años, si borrabas el final de una frase, había que llamar al actor mediante un teléfono fijo del estudio, localizarle, pedirle que viniera… A lo mejor se tardaba dos días en resolver el problema. Actualmente eso no sucede, por supuesto. El margen es gigantesco. En la fase de edición, los compañeros tienen también un montón de posibilidades. Disponen de múltiples herramientas y acceso a materiales diversos de manera inmediata. A través de la red recibimos materiales de otros estudios o de otras ciudades en el mismo momento; se graba en remoto…

Y en la mezcla, otro tanto. Tenemos posibilidades mucho mayores que las que había hace muy poco tiempo. Se va progresando siempre: la calidad de los plugins, procesadores, el de todos los sistemas… Son muy potentes. Y el intercambio de información y material es brutal. Puedo estar mezclando en una sala del estudio, tener una avería y en cuestión de minutos, llamar a un compañero, pasar el material a través del servidor y continuar en su sala. La velocidad de trabajo es mucho mayor, así como la precisión. Si se trabaja bien, se consigue ser muy fino.

El progreso técnico también ha facilitado mucho el trabajo de departamentos como el de producción y la labor de los actores. Se trabaja en banda, cada uno por su lado, sin reunir a todos en el atril. Esto tiene un lado un poco ‘complejo’. Hace que se trabaje de manera un poco mecánica. No sé si se debe más a una cuestión de rentabilidad que de avance en cuanto al producto. Se trabaja más rápido y todo el mundo puede disponer de su tiempo de otra manera. Se ha perdido la frescura de un doblaje que se va haciendo de una manera más o menos lineal, y más o menos en conjunto. Eso por supuesto ha cambiado.

¿No se trabaja en un ambiente un poco frío? ¿Te ha llegado a emocionar alguna vez una interpretación? ¿Qué doblajes recuerdas en este sentido?

El ambiente ha cambiado muchísimo. Ha desaparecido una parte de la convivencia entre los profesionales técnicos, artísticos, directores, personal del estudio… Todo está ahora muy parcelado. Son situaciones estancas. Una secuencia respecto de la otra, una frase con respecto de la otra… quedan como aisladas. Y eso es algo que hay que tener en cuenta en la mezcla. Hay que integrar un montón de cosas que, percibes, no han sido conectadas.

Por otro lado, la gente joven no llegó a aprender —como es lógico, porque a ellos les ha tocado vivir otro tiempo— cómo es esa convivencia con la película durante unos días. La convivencia de un grupo de profesionales vinculados al conjunto. Antes había cenas, reuniones, encuentros al terminar una serie… Esa convivencia dejaba algo en cada trabajo. Todos recordamos con quién hicimos tal serie, con quién hicimos tal peli

En la parte técnica también hay esa frialdad al grabarse todo en banda. Todo se graba un poco más rápido de lo que necesitaríamos. Creo que el formato actual es muy efectivo en ese sentido. Pero en detrimento de cierta calidad y de cierta calidez del trabajo.

¿Si me he llegado a emocionar con algún doblaje? Por supuesto, muchísimas veces. Hace un montón de tiempo que me dedico a esto. He mezclado casi 400 pelis que han pasado por el cine. Películas bastante chulas. Particularmente, si no me engancho de alguna manera a algo de la peli, lo paso mal. Necesito estar relacionado con la película. Si no es con los actores, es con la música. Con el sonido. Con los actores de doblaje… Con algo que me ofrezca un plus. Por mi forma de trabajar, y de ser, siempre termino un poco enrollado con la película.

A lo largo de los años he trabajado en muchas pelis. Y de hecho tengo un cuadernito, donde voy apuntando frases de películas que me llaman la atención, que te dice algo, que habla de ti de alguna manera. Las películas tienen su emoción narrativa, la que puedes sentir como espectador y luego tienen otra, vinculada al modo en que se han ido construyendo. Todos hemos hecho pelis en situaciones donde alguien lo estaba pasando mal, donde algo había pasado… Y hay casos concretos que sí te dejan un poso emocional. No se puede trabajar en esto sin emoción.

¿Y los nuevos formatos: Dolby Atmos…? ¿Qué problemas plantean al actor de doblaje?

Problemas, ninguno. El sistema Atmos es una maravilla. Particularmente soy muy fan. Pero no sé si se le está sacando todo el partido. Tiene unas características técnicas que favorecen enormemente al diálogo. Ahora te voy a hablar del diálogo, no exactamente del doblaje. El doblaje es una parte del diálogo. Pero, incluso en una película doblada, hay muchísimas partes que no son doblaje, como risas, gestos, gritos, canciones… Cosas que se toman de la versión original.

La parte que nos ocupa, la del doblaje, se ve muy beneficiada. Porque el sistema tiene unas características nuevas y particulares, como es el rango completo, tanto en dinámica como en ecualización. Tienes en toda la sala altavoces que reproducen el total de la respuesta de frecuencia posible. Las voces van absolutamente enteras si el caso lo requiere. Es la primera vez que esto ocurre. En el caso de los sistemas anteriores, como el 7.1, el 5.1, o el Dolby Surround, por ejemplo, los altavoces del surround tienen un rango de frecuencia menor; con lo cual, cuando las voces pasan de la pantalla al surround, sufren un recorte de frecuencia, que a veces afecta y a veces no. En el caso del Atmos, las voces pasan enteras por toda la sala. Eso te da una característica de realismo total. Una voz puede desplazarse por toda la sala con todas sus características. Eso es algo estupendo.

Otra cosa muy importante es que el resto de los elementos, como la música y los efectos, se pueden mezclar fuera del plano de la pantalla. Como tienes un montón de altavoces que van a reproducir el programa con toda la calidad, y con todas las características de cada elemento, puedes tener la voz un poco ‘protegida’ respecto de la música y de los efectos. Los elementos se reparten por la sala de otra manera con lo cual, si hay intención de hacerlo, las voces pueden quedar ligeramente separadas del resto, favoreciendo la inteligibilidad en algunos casos. Realmente merece la pena. Los actores pueden y deben conocerlo y disfrutarlo.

Los actores de doblaje emiten ahora su voz a un volumen mucho más bajo que antaño. ¿Qué te parece esta tendencia? ¿Crees que se abusa de ese estilo? ¿Qué repercusiones tiene en la mezcla final?

Se abusa; totalmente de acuerdo. No hay mejor definición. Y, cuando abusas, se genera el primer error. Si la voz en el original está emitida a un volumen y con una dirección, relacionada con la distancia entre los interlocutores; pero el actor de doblaje habla como si estuviera pegado a la otra persona, cometemos un error.

Así sucede que a veces tenemos una voz del tamaño de un elefante, cuando debería ser del tamaño de un ternero. Como se tiene que escuchar, la solución es igualar esos niveles. De esta manera, las voces no guardan proporción entre sí. Y con un personaje prácticamente susurrando y el otro hablando a tono, parece que no hablan entre ellos. Es un problema bastante habitual. Y bastante gordo. Salvo que esté así en el original, todo lo demás es un error. Se trata simplemente de escuchar, valorar cuál es tu versión de esa voz.

Si el original está emitiendo de una manera, siempre existe una manera de acercarse a eso. A veces, en la traslación de un idioma a otro, la sonoridad no es la misma. pero no puede ser diametralmente opuesta. Esos finales caídos, muy oscuros, generan mucha incomodidad. Obligan al espectador a estar siempre tratando de rescatar el significado de los finales. Es algo que hacemos automáticamente, casi sin darnos cuenta. Obliga a un esfuerzo. Y es una pena, porque simplemente con mantener el final de la frase, y preocuparse de que esté en su sitio, se entendería perfectamente.

¿Y las nuevas generaciones de actores de doblaje? ¿Habéis notado un cambio en los últimos tiempos?

El tiempo va pasando. Y ese cambio se nota en todos los ámbitos. No solamente en los actores, sino también en los técnicos. Todos nos vamos adaptando. Los conozco a todos por sus voces, pues los mezclo continuamente en mi sala. Algunos me gustan muchísimo, aunque no les conozca personalmente. Hay de todo. Como ha ocurrido siempre. Hay gente que lo hace realmente bien. Y hay otros que han cogido el truco de la sincronía y el de la velocidad y se han quedado en eso. Es una pena. En vez de ir un paso más allá, aprender realmente a doblar, a interpretar, a tener capacidad de entrar y salir de un papel en una hora y media, y dejarlo muy bien.

En cualquier caso, me gusta la gente joven. Su actitud. Creo que es una generación más saludable, de algún modo. En general, tienen más conocimientos técnicos. Todos manejan la informática, equipos de audio, muchos hacen música… Eso está muy chulo.

 

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